jueves, 27 de marzo de 2008

La femme d'argent


Cuando salgo en barco
las vías se encharcan
y parecen arterias anegadas por un soplo.
Tu saliva resbala desde el tejado,
yo observo cómo las gotas se beben mi ventana
y no me queda otra que recalentar el té
y dárselo al gato.
Antes de dormir prefiero escuchar tu voz
y no tener que leer
sobre el pesimismo de nuestra literatura.

El echarme de tu vida como a una perra
no entraba entre mis aspiraciones más cercanas.
Puedo vislumbrar aquella tormenta, una noche de junio
yo, con impermeable rojo
color pintalabios
ojos cerrados
y tú, impasible y quieto bajo la lluvia.
Me acerqué al fuego sin otra ambición que quemarme
en rojo pintalabios
rojo pasión que se evapora y se moja.

Espero que cuando el sol se despierte
y desperece sus brazos de luz
sobre este océano de cicatrices
pienses que el error fue nuestro,
que no soy madre soltera
de un embrión malformado por la tristeza.
*

4 comentarios:

Nuria Ruiz de Viñaspre dijo...

...este océano de cicatrices, tú siempre tan gráfica como tus fotográfías, me encantan, no dejo de repetirme, lo sé

tournesols dijo...

Nuria, cada vez que me repites esas cosas me tiemblan los nudillos, así que no dejes de hacerlo nunca, por favor.

:*

Petunia Roja dijo...

Pepita! Las acreditaciones para el Cosmo están gestándose. Tenemos que vernos bien pronto y ponernos al día.
¡Te llamo en breve!

Besos y flores,
Petunia*

Hugo Izarra dijo...

Ya he estado aquí más veces.