viernes, 6 de julio de 2007

El lado oscuro

"Somos el tiempo que nos queda"
*J. M. Caballero Bonald*



Los recuerdos sobre las paredes se deshacen como las ancianas en sus ventanas,
enjauladas
consabidas.
Las gafas anémicas se escurren sobre narices huesudas y sudorosas.
Me recuerdan a tus palabras
que me abrazaban de madrugada.
En sueños
en llantos unísonos.
Unívocos
- Gracias
- De nada.
- Eres la música de un violín clavándose en el abdomen.
- Por eso te he amado tanto.

Ingiero una avenida tras otra.
Taciturna, somnolienta, hipotética, danzarina, derivada de los lácteos (como sus mejillas). Guardo números secretos, codificaciones inexactas. Me analizo la prolactina.
“Estos muertos son niños” dice Arturo Carrera. Y en un desmayo, un soplo de brisa cálida, me quedo una noche arrumbada en una esquina, coleccionando lágrimas y guardándolas para entregártelas como venganza sutil de los peinados enredados a las hojas secas.

"Con el paso del tiempo. Con el peso del tiempo"



Dejo transcurrir los días, las noches y algunos solsticios despreocupada.

Una vez minimizado el daño ya no inutiliza tanto el exterior.
Los armarios empotrados dejan de clavar esquinas a aquellos lepidópteros que una vez se encerraron en su interior para refugiarse del bullicio del miedo, del marco fugitivo y febril de los hombres.

Yo me encierro ahora en la nostalgia de la vida hace millones de años, cuando aún era una anciana,
Cuando aún él era pelusa sobre la barbilla.
Las meriendas, las raíces, los ovillos, las canicas engarzadas sin orden.
Entrar en un cubículo. Hedor de jazmines de mil noches de embriaguez.
Me escondo bajo la cama, ya no te quiero encontrar, por eso escudriño el mar.
Ninguna patología: me las he memorizado todas y ahora marcho con algunas canciones del Barroco que me hacen sentir impetuosa sobre todas sus crismas, sin escupir,
-que queda feo- (diría su mamá)

El tiempo que me queda lo aprovecho para engullir y vomitar letras. Sólo son quince minutos al día, dijo el médico.

No florecen las fotografías que plantamos sobre el campanario el otoño del temor. Amarillo, naranja, plata y ningún azul.

2 comentarios:

mariquilla dijo...

En un tiempo donde nada es
Soy menos yo que otras veces.



Me encanta como escribes.
www.especulummundi.blogspot.com

Anónimo dijo...

Y Caballero Bonald?