viernes, 7 de septiembre de 2012

La necesidad

Apenas sí se aguantaban ambos en pie, máquinas descompuestas, socavados por la fatiga y la incoherencia. Afuera, todos los pájaros cantaban ahora sus pequeños himnos al sol [...] Desfallecido el brazo, la empujó apenas, como en sueños. Ella se derrumbó de inmediato, pero con las manos hacia adelante, para amortiguar la caída. Permaneció inmóvil, boca abajo, apoyada la frente en el brazo. La ligera bata se había levantado, descubriéndola hasta la curva de la cintura. Lanzó un largo gemido, llamó a su padre, sollozó. Sus caderas, convulsas, subían y bajaban al ritmo de los sollozos. Él se acercó.

Bella del Señor, Albert Cohen



Todo era ceremonia. El verbo, deshilacharse. 
Miedo a anularse, o fiel eclipse del lenguaje, o injusticia de aplastarse el cuerpo contra el mármol. Conocer de memoria la estupidez de su frontera. Adorarla, aburrirse de ella, de ello, aburrirse de todo, del piano insistente, aburrirse del espejo, de estar sentado, de correr en fuite, en algún momento te diré "basta", "arrête", maldigo los obstáculos. Plácidamente mecerse entre sospechas. El titubeo de los bosques, la parsimonia del llanto seco. Elegir revolcarse, y revolcarse. Elegir elegir. 
Náusea, ciudad, trámite.


*

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Aleluya!

María Mercromina dijo...

estás viva

Belidor dijo...

:-)

Emily dijo...

hasta elegir es un ritual.

josepayan dijo...

elegir dejarse caer...

Julio Castelló dijo...

Qué fuerza... Yo elegí el silencio. Pero cómo me está costando...