jueves, 24 de mayo de 2012

Com abans

Os lo digo, con la voz quebrada y sin acento: pude ver el cielo rojo, presagio del desierto, como cuando al principio quemaba el mármol bajo mis pies, pensé: solo sabré deambular por calles estrechísimas. Pude ver la vida que no poseo, una especie de futuro en forma de escalera de caracol. Fotografié un olor, estornudé un bosque imaginario. El amanecer nublado cada día atemporal y magnífico. Pude memorizar el dolor que provoca la risa, la lluvia discontinua como comas suspensivas, los sueños desnaturalizados,,, despertarme y comenzar el sudor. Pude medir mis huesos con sus huesos, hacer maratones de músculos que se tejen paralelamente junto al mar, para nosotros: no-mar. (Amar) = Muy rápido, muy elástico todo = construir pequeñas viviendas con la profundidad de un sofá. Y amoldar la siesta, y plagiar Las Golondrinas, y arrodillarse frente al silencio, y barajar las coordenadas, y jugar con las palabras-ciudad, las palabras-piel, el lenguaje-cine.







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5 comentarios:

Jorge Díaz Martínez dijo...

Lovely

Emily dijo...

Los atardeceres rojos son los más bellos.

José Vicente Martín Payán dijo...

muy chulo y olé¡¡¡

José Vicente Martín Payán dijo...

muy chulo y olé¡¡¡¡

Dara dijo...

Cala la lluvia discontínua en ese bosque imaginario, en la levedad del cielo rojo del verano.


(mediasonrisa)