domingo, 17 de mayo de 2009

La Mascarada



Tuve que convertirme en estatua de sal.
De veras, tuve que congelar los segundos
que goteaban distraídos, sin percatarse
del terror que me esposaba.
Tuve que mirarte de reojo
soportando en mi pecho
los puñetazos del oxígeno
pujando
contra mis huesos estrechos.

Tuve que borrarme el rojo
de los labios. El rojo
de las uñas. El rojo
de mi dulce estrategia
derrotada.

(Sólo me predices noche)

Las espirales deshechas
con el meñique mudo.
Tuve que gritar,
tuve que callarme las encías,
flanquear la estatua salada
de las vértebras.

(Me susurras noche, me susurras noche)

Los niños, etcétera, se marchan.
Volveremos siempre.

***

7 comentarios:

Nuria dijo...

me encanta este poema. Es magnífico. Casi supera a la imagen. No, lo supera. Enhorabuena por las imágenes que nos ofreces con tus letras. Las más invisibles.
Visita mi R. acabo de escribir sobre mi nueva obsesión.

emigrante dijo...

la límpida noche en tus labios.
estamos solos.
fin.

luna dijo...

hermoso

Enrique dijo...

¿Ha visto usted Persona, de Bergman? Alli se condensa la mayor tesis de mascaras y mascaradas jamas ideada.

*

Espero su informe sobre la Peste.

María dijo...

Fatídicorojo

Julio Castelló dijo...

Tuve que guardar silencio...

PANDORAS: dijo...

querida laura, he subido este poema al blog de las pandoras. te leo estupendamente y me alegra de saltitos- un fortísimo abrazo, niña!
VUK